
Después de una seguidilla de pequeños sismos y temblores que preocuparon a la población de Puerto Aysen, sin ver la magnitud del evento natural que se avecinaba, se creo la paradoja que las autoridades tenían la responsabilidad y debieron prevenir a la sociedad para evitar los posteriores efectos que finalmente se produjeron. El instinto del lugareño de intuir el peligro pero a la vez ignorarlo o atenuarlo provoca la resistencia a abandonar la zona en peligro.
Si se hubieran abordado profesionalmente desde el inicio el empleo racional de la información y de los medios tecnológicos afines a ese tipo de situaciones, no se habría tenido que lamentar el cúmulo de improvisaciones, desinformación, dolor y muerte que el fenómeno natural produjo.
El accionar de las autoridades a destiempo lo único que provoca es malestar, alteración, critica como es el caso de lo que tuvo que sufrir la presidenta de la republica en su visita a la zona afectada.
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